La Ópera de París, es una institución musical, sucesora de la fundada en París por Luis XIV en 1669 con el nombre de Académie Royale de Musique. Es una de las instituciones de su clase más antiguas de Europa.
Originalmente alojada en el Palacio Real de París, ha tenido varias sedes y actualmente ocupa dos edificios:
* El Palacio de la Ópera, inaugurado el 5 de enero de 1875 y conocido también como «Palais Garnier» (Palacio Garnier) u «Ópera Garnier», en honor al arquitecto que lo diseñó, Charles Garnier.
* El Palacio de la Ópera de la Bastilla, inaugurado el 13 de julio de 1989, coincidiendo con los actos de celebración del bicentenario de la Revolución Francesa.
Historia de la Ópera nacional de París.
Conocida inicialmente con el nombre de «Academia de Ópera», la «Academia Real de Música» se fundó en 1669 por empeño de Colbert y en respuesta a la Academia real de Danza. Con la misión de difundir al público la ópera francesa, no sólo en París sino también en otras ciudades del reino, uno toma la práctica de llamarlo simplemente «La Ópera». Teniendo como recursos financieros solamente las entradas de los espectadores (y no, como para la Comédie-Française o el Théâtre Italien, un subsidio real), la Ópera obtiene el privilegio de representar música con la prohibición para quien sea que haga algo semejante sin haber obtenido la autorización de los creadores. Los primeros que se beneficiaron de los privilegios fueron Pierre Perrin y Robert Cambert. Encarcelado por las deudas, este último se obliga a rendir su privilegio a Jean-Baptiste Lully en 1672, con el éxito que se conoce. Lully y sus sucesores además negociaron la transferencia del privilegio amargamente, de una parte o de forma entera, con contratistas de la provincia: Pierre Gautier compra en 1684 la autorización para abrir una academia de música en Marsella; luego las ciudades de Lyon, Ruán, Lille y Burdeos hacen alguno en los años siguientes.
La Academia Real de Música cambió trece veces de lugar de representaciones durante el Siglo XVIII, hasta su transformación, con la Revolución, en el «Teatro de las Artes», que se llama hasta el día de hoy la «Ópera Nacional de París». La Ópera de París estuvo a menudo endeudada. En 1875, la institución ocupó la Ópera Garnier, y luego, en 1990, la Ópera de la Bastilla.
Hoy en día, el Palacio de la Ópera de Garnier alberga sobretodo espectáculos de ballet, y solo en ocasiones especiales se representa allí alguna ópera clásica, ya que normalmente estas representaciones se efectúan en la nueva ópera, en Bastille, más práctica pero mucho menos espectacular. Para hacerse una idea de su monumentalidad, baste decir que su superficie es de 11.237 metros cuadrados.
El Ballet de la Ópera de París.
Sus orígenes pueden ser rastreados hasta 1661 con la fundación de la Académie Royale de Danse (Academia Real de Danza) y la Escuela de Danza de la Ópera (1713) por Luis XIV de Francia. Como parte del Théâtre National de l'Opéra, la compañía dominó la danza teatral del siglo XVIII y el inicio del siglo XIX. Sus artistas desarrollaron técnicas de ballet clásico. Pierre Beauchamp, el primer director de la compañía, codificó las cinco posiciones básicas del ballet, y los virtuosos Jean Balon, Louis Duport, Marie Camargo y Gaetano y Auguste Vestris extendieron el rango de los pasos de baile, especialmente los saltos.
En 1832 la compañía abrió la era del ballet romántico presentando La Sylphide de Filippo Taglioni. Entre los bailarines de la compañía de este periodo estaban Jules Perrot, Arthur Saint-Léon, Fanny Elssler y Carlotta Grisi, que creó Giselle en la Ópera de París en 1841.
La decadencia de la compañía a fines del siglo XIX fue detenida por Jacques Rouché, director de la Ópera de París y de la Opéra-Comique entre 1914 y 1944. Después de las exitosas producciones de vanguardia de los Ballets Rusos de Sergei Diaghilev, Rouché contrató a los artistas estrellas rusos Michel Fokine, Anna Pavlova y Bronislawa Nijinska y en 1930 nombró a Serge Lifar director de la compañía. Entre los principales bailarines al mando de Lifar estuvieron Yvette Chauviré, Solange Schwarz, Marjorie Tallchief, Michel Renault y George Skibine.
Hay cinco rangos de bailarines en el Ballet de la Ópera de París, del más alto al más bajo, serían: étoiles, premiers danseurs y, formando parte del cuerpo de baile, sujets, coryphées y quadrilles. Algunos bailarines fueron famosos como: Yvette Chauviré, Sylvie Guillem, Emma Livry y Marie Taglioni.
El Ballet de la Ópera de París es único en el mundo. La riqueza de su repertorio clásico y contemporáneo, la juventud de sus intérpretes y la excelencia de sus estrellas hacen de él una referencia de la danza actual.
Ópera de París. Sólo pronunciar su nombre transporta la imaginación del interlocutor a una agitación de tutús y no a la imagen de una lánguida diva. El hecho de que la danza —en este caso el Ballet— inspire un gran lugar de ópera (como además atestigua la estatua de Carpeaux en la fachada del Palacio Garnier), es una particularidad muy francesa, una cuestión de Historia, sin duda. No olvidemos que el primer "patrón" del Ballet de la Ópera no fue otro que el Rey Luis XIV, primer bailarín del reino, estrella absoluta, que encontró su título de Rey Sol después de haber interpretado a Apolo Sol naciente en Le Ballet de la nuit [El Ballet de la noche], en 1653, papel que interpretó en exclusiva en todos los ballets posteriores. Bailarín emérito y muy entrenado (un curso al día desde los siete años), creador de al menos 27 ballets —y figura principal en todos ellos—, y de varias figuras técnicas, como el trenzado “real”, Luis XIV trabajó desde su ascenso al poder, en 1661, en la creación de la Academia Real de Danza, primera institución francesa encargada de fijar las reglas de este arte y de su enseñanza. El objetivo, “devolver a dicho arte su perfección y elevarla tanto como sea posible”.

